Durante los últimos años, el bombardeo desde distinta fuentes de información en relación a la necesidad de que toda persona que se inicie en una práctica deportiva, realice un test de esfuerzo inicial. Pero ¿es necesario?

El origen

Inicialmente, los test de esfuerzo se han utilizado por dos motivos fundamentales; Por un lado, un uso centrado en el rendimiento deportivo, en el que se pudieran reconocer los umbrales de trabajo del deportista y su momento puntual de condición física, y por otro lado, un ámbito médico, el cual esta focalizado en la valoración de posibles patologías cardíacas.

¿Debe la gente normal hacerse un test de esfuerzo?

No se puede dar una respuesta unilateral en la que se afirme o niegue la anterior proposición, ya que, la respuesta debería ser individualizada y contextualizada a cada persona. Sin embargo, si es interesante realizar un test de esfuerzo en casos como: personas con una larga inactividad, con enfermedades asociadas a aspectos cardiovasculares y que hayan sufrido algún tipo de episodio extraño relacionado con alteraciones de la frecuencia cardíaca mientras realizaban ejercicio físico.

Y si nuestros deportistas no hacen un test de esfuerzo…¿De dónde sacamos unas referencias para poder entrenarlos?

Inicialmente, se debe llevar a cabo una entrevista en profundidad con el futuro deportista en el que recopilemos información sobre: metas a alcanzar, situación personal actual, tiempo que lleva entrenando y qué ha estado haciendo, edad, peso, posibles patologías a tener en cuenta para el desarrollo de actividad física…En resumen, recoger el máximo de información posible que nos ayude a enfocar la futura planificación del entrenamiento.

Una vez que hayamos analizado y clasificado toda esa información…¿Qué criterio podemos seguir si no han realizado ningún test de esfuerzo o hace mucho tiempo que lo hicieron?

En la actualidad, los “TEST DE CAMPO” están ganando una importancia preponderante en el mundo del entrenamiento deportivo; son fáciles de sistematizar a lo largo del periodo de entrenamiento, ofrecen resultados cercanos a la realidad y son económicos e incluso gratis en la mayoría de los casos.

A lo largo de mi experiencia como entrenador deportivo he comprobado la utilidad de varios de los test de campo que están estandarizados (Diper, Montréal…) e incluso de la creación de algunos propios, simulando en la medida de lo posible la situación de práctica real a la que se tendrá que enfrentar el deportista (test de mtb, test de subida en puerto…).

Concluyendo…

La principal finalidad de este tipo de pruebas es conocer el pulso máximo del deportista, unos umbrales de trabajo de referencia y conocer el estado de forma puntual en la periodización del entrenamiento.

Todo el mundo debería tener unas referencias individualizadas sobre que tipo de trabajo es mas conveniente realizar para alcanzar las metas propuestas. Sin embargo, en muchos de los casos, no creo que sea necesario pagar por hacer un test de esfuerzo, ya que con la realización de una entrevista personal y un test de campo sería más que suficiente.